“No necesitas dejar de sentir. Necesitas aprender a escucharte con más amabilidad.”
Nos han enseñado a controlar, tapar o justificar nuestras emociones. Especialmente aquellas que se consideran “incómodas”: el enfado, la tristeza, la envidia, la ansiedad. Como si sentir fuera un problema.
Pero regular las emociones no es reprimirlas ni eliminarlas, sino aprender a sostenerlas, entenderlas y responder a ellas desde un lugar más consciente y compasivo.
¿Qué es la regulación emocional?
Es la capacidad de gestionar lo que sentimos sin perdernos en ello. No se trata de “ser fuerte” ni de “estar siempre bien”, sino de cultivar recursos internos para no quedar atrapadas en los extremos.
Regular no es controlar. Es dar espacio a la emoción y luego elegir qué hacer con ella.
Herramientas prácticas para empezar
Aquí te dejo 4 ejercicios sencillos que puedes practicar en momentos de malestar:
1. Nombrar lo que sientes sin juzgarlo
“Estoy sintiendo ansiedad.”
“Me estoy frustrando.”
“Siento una tristeza que no entiendo.”
Nombrar lo que sentimos activa el córtex prefrontal, lo que ayuda a calmar la intensidad emocional.
2. Reconocer en qué parte del cuerpo lo sientes
¿Dónde está esa emoción ahora mismo? ¿En el pecho? ¿El estómago? ¿La garganta?
Llevar la atención al cuerpo nos ayuda a volver al presente y reduce la sobrecarga mental.
3. Respirar y dar tiempo
Una técnica sencilla:
Inhala 4 segundos – mantén 4 – exhala 6
Repite varias veces.
Este patrón ayuda al sistema nervioso a volver al estado de calma (respuesta parasimpática).
4. Escribir lo que necesitas
“Ahora mismo necesito calmarme / descansar / estar sola / llorar un rato / hablar con alguien…”
El objetivo no es solucionarlo todo, sino escuchar lo que tu parte emocional está pidiendo.
No hay emociones “malas”
Todas las emociones cumplen una función.
El enfado protege. La tristeza limpia. La ansiedad avisa.
La clave está en no quedarte sola con ellas, y aprender a mirarlas como señales, no como amenazas.
¿Quieres trabajar esto con acompañamiento?
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